VICTORIA DELLEPIANE A.

Tomé mi primera clase de yoga a fines del 2009, buscando alguna actividad para mover el cuerpo. Había visto a una amiga de la facultad (estaba estudiando Diseño de Imagen y Sonido) y podía ver lo bien que le hacía... 

A tres meses de esa primera clase de yoga conocí AcroYoga. Recuerdo cómo llegué a mi primer "vuelo": iba a haber una Inmersión Lunar en Buenos Aires (la primera) y previo al comienzo del evento, una clase abierta. Mi profe de yoga, Cecilia Plá, ya conocía AcroYoga y para explicar de qué se trataba me invitó para una demo. Fue simple: Folded Leaf, Lifted Baddha Konasana y Finding Nemo. Y después me pidió que me acostara para recibir algo de masaje! Salí de la clase flotando!!

Durante el 2010 tomé todos los talleres que dió Juan Pablo Restrepo (en ese momento no había clases regulares!)

Cuando en el 2011 hubo clases regulares, ahí estaba, sin falta. Ese verano conocí a Boris y Nina, con quienes también tomé clases.

Empecé a practicar yoga cada vez más seguido,

Hice el profesorado de yoga de la escuela Kaladanda.

Dejé la facultad.

Mi vida se movía entre mi familia, Yoga y AcroYoga.

Me encontré dando clases frente a grupos de gente y recordé a mi profesor de física que al egresar del colegio me dijo que yo iba a trabajar con gente y que a mi me pareció una locura. A los 18 años nada me gustaba menos que ser el centro de atención - nunca me había gustado. Y sin embargo ahí estaba: dando clases

de yoga a adultos y niños, sin estar segura cómo había pasado perosegura que estaba donde debía estar, feliz. Era tan simple como eso.

Algo había cambiado. Me ponía menos límites. Me juzgaba menos. Me divertía más. Creo que fue principalmente la práctica de AcroYoga y el hecho de sentarnos en ronda que me hizo un poquito más sociable, lo que me permitió conocer gente maravillosa e inspiradora.

Para el profesorado de AcroYoga Internacional viajé a México en 2014.

AcroYoga me llevó al masaje tailandés. Me formé en la Escuela Nuad Thai con Marisa Caporaletti el primer año y Enrique Dianti el segundo año, en Olivos.

Soñé un espacio. Un espacio para niños, especialmente. Un espacio que se sintiera como casa, donde los chicos pudieran aprender como había aprendido yo: con las manos en la masa y trepada a un árbol. Con una huerta y actividades para vivir mejor. Pensaba en cómo mi vida podría haber sido distinta si la práctica de yoga hubiese sido parte de mi vida desde pequeña. Lo soñé y me pareció que todavía me faltaban herramientas para embarcarme en un proyecto tan grande.

Leí sobre educación. Pedagogía. Waldorf. Hice el curso de Asistente de Ambiente Montessori de 3 a 6 años (FAMM) con la idea de formarme más adelante como Guía Montessori de 6 a 12 años.

Después de 10 años de esas primeras clases de Yoga y AcroYoga, de dar clases y masajes y moverme y aprender, abrí un espacio propio. Mauna. Allí hay masajes, clases de yoga y AcroYoga para adultos y jóvenes, y actividades de yoga, juegos y arte para niños. Es un espacio para aprender primero sobre uno mismo. Encontrarse en el silencio interior. Y luego salir a encontrarnos con el mundo. Mauna es un espacio de mucho amor.

Espero con cada vuelo poder transmitir lo que sentí en cada vuelo desde ese primero. La confianza, la entrega, recibir y dar y recibir y dar, el ida y vuelta, el reflejo constante de las personas con las que me encuentro, de las que me vuelan a mi, a los que cuido y los que me cuidan... el juego, soltar, saltar, volar. Volar. La posibilidad de abrirme, animarme a probar, creer que si.​

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